Tod@s conocemos a alguien que ha pasado por una experiencia traumática o bien, que ha tenido una infancia, juventud, madurez o vejez, injusta, cruel o llena de desgracias. Pero, también es cierto, que tod@s hemos comprobado como algunas de esas personas, eran capaces de superar sus tragedias, sus estados emocionales y aún más, salir completamente airosos de esos estados mientras que otras, permanecen en depresiones o aletargadas durante más tiempo, que precisan ayuda de algún terapeuta o especialista y que a base, de su propio tesón consiguen salir igualmente de su situación pasada. Sin embargo, en el primer caso el tiempo y la recuperación de la persona ha sido menos dificultosa que en el segundo caso y además, le ha proporcionado a ese individu@ más beneficios que al otro, al que pueden llegar a quedarle resquicios de ese funesto pasado, llegando incluso a repercutir en su vida de una u otra forma finalmente. Resulta realmente interesante como el ser humano, ante una desgracia personal, es más incluso de igual calibre, es capaz de responder y de superarla de forma diferente, hasta en tiempos diferentes y sin o con secuelas. Bien es cierto que no somos iguales y que ante un mismo estímulo podemos reaccionar de diversas y distintas formas pero, lo que yo me cuestiono es el por qué en unos el restablecimiento es mucho más rápido y eficaz que en otros, es decir, qué determina esa reanimación casi inmediata, con un "aparente" menor esfuerzo y con tal validez. Y no me refiero a ninguna cuestión física, lo cual sería más fácilmente entendible, ya que todos no poseemos la misma fortaleza o no estamos lo suficientemente sanos o nuestra base genética es mucho más "perfecta" o "imperfecta" que la de otros, los cuidados prestados a nuestro organismo no han sido los adecuados, etc. Me refiero al ámbito emocional, aquel donde se ponen en juego nuestros sentimientos, nuestra afectividad, nuestro estado anímico y todo aquello que conforma nuestro mundo emotivo, sentimental o mental. Dejando de lado cualquier tipo de valoración (pues sería objeto de otro escrito) e intentando tratarlo de una forma objetiva, real y contrastada. Es evidente que tal diferencia existe y que ésta sería la única cuestión a tratar, por el momento. Para lograr aproximarme a una explicación lo más científica y objetiva posible, he recurrido obviamente a la ciencia, la cual constituye la base de una gran mayoría de cuestiones planteadas y resueltas en el tiempo.
Así pues, según Aldo C. Melillo (médico, psicoanalista, ex secretario de Salud y Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, miembro del Foro Psicoanalítico de Buenos Aires y profesor de la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Consejero académico del máster en Psicoanálisis de la Escuela de Psicoterapia para Graduados y de la Universidad Nacional de La Matanza. Autor y compilador de Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas y de diversos trabajos psicoanalíticos) observó que "en el marco de investigaciones de epidemiología social, no todas las personas sometidas a situaciones de riesgo sufrían enfermedades o padecimientos de algún tipo, sino que, or el contrario, había quienes superaban la situación y hasta surgían fortalecidos de ella. A este fenómeno se le denomina en la actualidadad, resilencia".
El trabajo que dio origen a este nuevo concepto fue el de E. E. Werner (1992), quien estudió la influencia de los factores de riesgo, los que se presentan cuando los procesos del modo de vida, de trabajo, de la vida de consumo cotidiano, de relaciones políticas, culturales y ecológicas, se caracterizan por una profunda inequidad y discriminación social, inequidad de género e inequidad etnocultural que generan formas de remuneración injustas con su consecuencia: la pobreza, una vida plagada de estresores, sobrecargas físicas, exposición a peligros (más que “factores de riesgo” deberíamos considerarlos procesos destructivos [Breilh, 2003] que caracterizan a determinados modos de funcionamiento social o de grupos humanos). Werner siguió durante más de treinta años, hasta su vida adulta, a más de 500 niños nacidos en medio de la pobreza en la isla de Kauai. Todos pasaron penurias, pero una tercera parte sufrió además experiencias de estrés y/o fue criado por familias disfuncionales por peleas, divorcio con ausencia del padre, alcoholismo o enfermedades mentales. Muchos presentaron patologías físicas, psicológicas y sociales, como desde el punto de vista de los factores de riesgo se esperaba. Pero ocurrió que muchos lograron un desarrollo sano y positivo: estos sujetos fueron definidos como resilientes. Todo esto le llevó a formularse una pregunta similar a la que yo cuestionaba al principio de este escrito:
"¿Por qué no se enferman los que no se enferman?"
Al principio se lo adjudicó a cuestiones genéticas y a los que él llamó, "niños invulnerables" pero, al seguir con sus investigaciones, se percató que no solo éstas eran las únicas relevantes, sino que llegó a apreciar que el factor capaz de determinar esa diferencia, estaba basada en cuestiones afectivas, es decir, que dependía del ambiente afectivo en el que el niño se había criado, en su reconocimiento, en su motivaciòn, en el respeto a sus ideas, ... que un adulto le hubiera concedido habitualmente; o como dijo E. E. Werner: "O sea que la aparición o no de esta capacidad en los sujetos depende de la interacción de la persona y su entorno humano".
A partir de esta constatación, se comenzó a buscar los factores que resultaría más "protectores" para los seres humanos, incluso por encima de los efectos negativos que la propia adversidad ofrecía, tratándolos de estimularlos cuando fuesen detectados. Y éstos fueron los que se consideraron:
- Autoestima consistente que constituye la base de los demás factores.
- Introspección, es decir, autoanálisis totalmente objetivo de sí mismo, basado en una sólida autoestima.
- Independencia entendida como el saber fijar los límites entre uno mismo y los problemas que pueden acompañarnos.
- Capacidad de relacionarse o la habilidad para establecer lazos de unión con otros que le proporcionen el equilibrio afectivo necesario. Si la autoestima es baja, se producirá en la persona un aislamiento por autoexclusión por vergüenza y si por el contrario, la autoestima es muy alta, igualmente tendrá lugar el aislamiento pero, esta vez, por la soberbia que esta actitud dispone.
- Iniciativa por realizar experiencias donde se pone en juego la autoexigencia y el afán de superación.
- Humor que permite encontrar siempre algo cómico en la propia tragedia. Lo cual evitará tener sentimientos negativos, aunque sea de forma transitoria.
- Creatividad o la actitud de crear belleza donde no la hay.
- Moralidad como la capacidad de ofrecer a los demás sin esperar nada a cambio, deseando que su bienestar sea el de los otros.
- Capacidad de pensamiento crítico, constituye el segundo pilar de esta teoría y en la que se englobarían los términos anteriormente citados
Para poder afrontar estas adversidades, para salir de ellas e incluso para fortalecernos, debemos tener bien definidos y establecidos cuatro expresiones verbales que debemos mantener firmes:
"Tengo" - "Soy" - "Estoy" - "Puedo"
Por consiguiente, la resilencia o la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas, debe ir de la mano del apoyo de otro ser humano. De ahí, que se considere a la resilencia como la representación positiva de la salud mental. En definitiva, el ser humano es capaz de afrontar, superar e incluso fortalecerse de cualquier adversidad, siempre y cuando llegue a conseguir el equilibrio afectivo necesario consigo mismo y con los demás, interactuándo con éstos y posea la suficiente capacidad crítica consigo mismo y con la situación que se le presente.
¿Fácil o difícil, cómplice? Te dejo que lo medites y saques tus propias conclusiones.
¡Hasta pronto, cómplice!
¿Fácil o difícil, cómplice? Te dejo que lo medites y saques tus propias conclusiones.
¡Hasta pronto, cómplice!








































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