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miércoles, 30 de enero de 2008

Ha llegado el momento







Creo que ha llegado el momento que conozcas algo relevante en mi vida, que la condiciona y la limita notablemente, que puede contribuir a qué entiendas, el contenido de algún que otro post que he publicado y por ende, a mi propia persona.








Me llamo Marta y soy fibromiálgica.




Marta, es mi auténtico nombre aunque much@s me reconocen por Vesta, mi nick.



En este año, hará seis que fui diagnosticada de Fibromialgia o Síndrome de Fibromialgia.



Durante mucho tiempo, me dediqué a recorrer las diversas consultas de diferentes especialistas, a realizarme análisis, radiografías y otras pruebas que consiguieran determinar mi padecimiento, sus causas y su posible tratamiento.




Fue a raíz de una operación del Sindrome del Túnel Carpiano, en ambas manos, cuando el traumatólogo que me estaba tratando, me sugirió la idea de visitar a un reumatólogo al haber percibido en mí, una sintomatología que él asociaba a la Fibromialgia. Fue la primera vez, que un facultativo observaba, que toda esa serie de síntomas variados que llevaba años padeciendo y que aparentemente, carecían de un nexo en común, pudiera llegar a tener un posible diagnóstico.




En un principio, sentí una sensación de alivio y bienestar: ¡por fin, alguien me decía algo probable y no indefinido como hasta entonces! Pero, pronto el miedo y la incertidumbre se instauraron en mi corazón. No sabía qué era eso de la Fibromialgia. Nunca antes, había oído ese vocablo y por consiguiente, desconocía totalmente esa patología.




Las dudas inundaron mi mente:


  • ¿Me iba a curar?

  • ¿Qué tratamiento me recetarían o era una cuestión operable?

  • ¿Duraría poco tiempo, mucho o tal vez, toda mi vida?

  • ¿Tendría que pasar de nuevo por muchas pruebas?

  • ¿Dejaría de sentir especialmente, tanto dolor?

  • ¿Volvería a sentirme bien, por fin?,...


Todas estas preguntas encontraron respuesta en la consulta del reumatólogo.



No tenía cura. Se trataba de una enfermedad de carácter crónico. No precisaba pasar por ninguna prueba porque no existía ninguna que pudiera diagnosticarla de forma diferenciadora y determinante. El dolor y los demás síntomas permanecerían e irían agudizándose con el tiempo, además de aparecer muchos otros más que aún no se me habían manifesado. No volvería a sentirme totalmente bien jamás, en lo que me restaba de vida. Únicamente, me cabía esperar un equilibrio y permanencia en el estado en el que me encontraba, una eficacia en el tratamiento y una esperanza en una curación futura.



A partir de entonces, mi vida cambió completa, radical y paulatinamente.




En primer lugar, llegó la incomprensión, la intolerancia y la insolidaridad de los que me rodeaban: compañer@s de trabajo, amig@s, algun@s miembros de mi familia, vecin@s, conocid@s e incluso de mí misma.




A esto, le siguió. un mayor sufrimiento físico y emocional; una sucesión de períodos de asimilación, de ajuste y de acomodación a mi estrenada circunstancia; aumento de mis problemas físicos y de enfermedades asociadas a la Fibromialgia y consecuentemente, laborales y sociales; intervenciones quirúrjicas varias; estados depresivos importantes, diferentes tratamientos y terapias alternativas, etc, etc, etc.




Mi vida cambió por completo. Ahora iba a depender siempre de mi estado físico, para poder llevar a cabo y a buen término, cualquier proyecto tanto personal como laboral, que me propusiera o deseara.




Mi yo pasó a segundo plano y en primer lugar se situó la enfermedad. Me tenía acorralada, torturada, llegando a aniquilarme casi, por completo. Pero, llegó finalmente, la aceptación, el Gran Paso ansiado, buscado y trabajado.




Hoy en día, mi situación física ha ido empeorando en estos últimos dieciocho meses, de forma considerable y a pasos agigantados. A la Fibromialgia se le han añadido otros males físicos que a su vez, han ocasionado recaídas emocionales significativas y que por supuesto, han ocasionado finalmente, repercusiones sociales y laborales.




Actualmente, lucho fervientemente, concienzudamente y con toda la fuerza, el amor y el coraje que poseo en mi interior y en el que me declaran tod@s aquell@s que me quieren y me necesitan, persistiendo a favor de mi equilibrio físico y emocional, es decir, en busca de la armonía de mi alma.




Ahora me rodeo de esperanza, de ilusión, de pensamientos positivos, de mucha gente que me quiere y de todo aquella enseñanza que la vida y el sufrimiento van haciendo enriquecer a mi interior, a mi alma.




¡Hasta pronto, cómplice!

2 comentarios:

La Machanga dijo...

Si, eres Marta, pero no eres fibromialgia. TIENES fibromialgia. Tú eres algo más que la enfermedad que te acompaña. Eres un sol, una muy buena maestra y una, aún mejor, mejor aprendiz.

Hoy en mi paseo matutino vi a alguien que por su aspecto se me pareció a tí. Y suspiró mi alma, y se tambaleó. Por eso hoy visito tu blog, porque así mi alma encontrará la armonía y con ella, a tu alma.

Tashano dijo...

Cielo, tu lo que eres es un amor,la fibromialgia, nos tiene secuestradas dentro de los dolores continuos, pero como tu bien dices seguimos buscando la armonía del alma, y sabes que ?, la encontramos cuando estamos bien con nuestro interior, y nuestro interior es nuestra alma !!Y tu alma es preciosa!!

Un beso de chocolate y un abrazo de algodón.

Cuento Interactivo: "Todos somos diferentes"

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